fbpx

Coordina: Fidel Munnigh
Imparte: Elena Litvinenko (historiadora del arte)

En esta nueva entrega del ciclo de encuentros sobre arte dominicano viajaremos al paisaje rural, cibaeño y mágico del artista santiaguero Ricardo Toribio.
En colaboración con la Escuela de Crítica e Historia del Arte de la UASD.

Visualización en vivo por: youtube/ccesd

Un capítulo del libro “TRABAJADORES INMIGRANTES EN REPÚBLICA DOMINICANA” del lucido historiador Orlando Inoa. 

Orlando Inoa  publicará un importante libro que trata sobre  la historia de los inmigrantes llamados “Cocolos”, además trata sobre  los árabes en Santo Domingo, cien años de migración china y los haitianos en Santo Domingo.. En esta oportunidad nos referiremos exclusivamente sobre la historia de los cocolos, según la visión de Orlando Inoa.

Antes de entrar de lleno en la situación de los cocolos, Orlando Inoa hace una explicación sobre el mundo azucarero dominicano, donde detalla los ferrocarriles y la expansión azucarera dominicana a partir de 1872.

En 1890 se presentó un crisis en los ingenios azucareros por la falta de mano de obra, para cortar la caña. 

La idea de importar braceros extranjeros para trabajar como  braceros en los ingenios de la República Dominicana es de William L. Bass, propietario del Ingenio Consuelo, en el año 1893. Los primeros en llegar al país para esas labores eran puertorriqueños, que llegaron en la goleta “Amparo·, pero ellos no estuvieron conformes con las condiciones de vida, trabajo y salarios. 

William L. Bass se dedicó a buscar braceros en las islas del Caribe inglés, así se inició la llegada de los primeros cocolos, fueron 100 hombres que arriaron el 14 de octubre de 1893, procedentes de las islas de Vieque, San Thomas y Barbada, llegaron a Santo Domingo en la goleta “España Ponceña”, de ahí fueron trasladados a San Pedro de Macorís, en la goleta Chicago, y luego al Ingenio Consuelo.

Los cocolos eran negros, de las islas del Caribe inglés, protestantes y disciplinados.

Dos años después, 1895 ya un grupo de los cocolos que habían viajado para trabajar en el Ingenio Consuelo, se habían trasladado a La Romana para trabajar en la siembra de guineos. Los cocolos venían a la República Dominicana en tiempo de zafra azucarera, luego se iban a sus islas, luego se integraron trabajadores de Montserrat, Dominicana y Antigua. 

Los cocolos acepaban el pago salarial por debajo de un peso diario, cosa que no aceptaban los trabajadores dominicanos.

Lo que en otras islas llaman Jhomny Cake, a las hojuelas de harina de trigo,  los cocolos la  hacían y vendían, y se conoce como un derivado, que es el “Yaniqueque”. 

Para cada zafra cada año venían más cocolos,  se decía que San Pedro de Macorís estaba llena de cocolos,  del Ingenio Consuelo pasaban a otros ingenios. En 1901 los cocolos braceros del Ingenio Santa Fe, paralizaron  la zafra azucarera, en 1911 hicieron huelgas en los ingenios Santa Fe, Consuelo y Angelina.

En 1912 el gobierno de Ramón Cáceres promulgó una ley, donde se decía que las empresas agrícolas, sólo podía utilizar  inmigrantes de raza blanca, aunque  decía que cuando existiera escasez  de braceros el poder ejecutivo podría decretar, de manera transitoria, la inmigración de trabajadores negros.

En 1913  6.000 cocolos obtuvieron permisos para trabajar en la zafra azucarera dominicana; En el Ingenio Consuelo 1,500,  en Angelina 1.200, en el Central Romana 1.000, Santa Fe 800, Porvenir 800, Cristóbal Colón 500, y Puerto Rico 200.

El 19 de noviembre de 1913 se fundó el primer gremio de mueleros de San Pedro de Macorís, integrado por cocolos.

Diversos grupos hicieran campañas contra los cocolos, y denunciaban que los trabajadores dominicanos debían hacer las tareas en los ingenios azucareros, sin embargo, los trabajadores dominicanos se negaban a trabajar por los  bajos salarios que ofrecían los ingenios azucareros.

José Eugenio Kunhardt, el gran líder sindical dominicano, se opuso al trabajo de los cocolos, no por sus condiciones personales, sino por los bajos salarios que pagaban a los braceros.

La escasez de mano de obra en los ingenios azucareros se agudizó durante la ocupación norteamericana iniciada en 1916. Se inició la importación de braceros haitianos.

En la zafra de 1919 se trajeron 2.909 braceros cocolos y   1.589 haitianos; 1.100 haitianos, traídos por Obras Publicas, 434 para el ingenio Barahona, y 55 para el Ingenio San Isidro. 

En 1920 había inscriptos 22.121 inmigrantes, entre cocolos y haitianos. 

El reverendo Archibald Beer,  de la iglesia Episcopal construyó en el barrio de cocolos de Miramar, un local para su iglesia, con una escuela a la que llamó San Esteban.

A partir de la desocupación de las tropas norteamericanos la llegada de los cocolos fue disminuyendo, y  los haitianos aumentando. Muchos cocolos fueron abandonado el trabajo de braceros en los ingenios azucareros y se integraron a otras labores, especialmente en San Pedro de Macorís.

Durante la Era de Trujillo decayó la llegada de los cocolos, especialmente a San Pedro de Macorís.

La Asociación Universal  para el Mejoramiento del Negro y de Comunidades Africanas- UNIA-ACL, fundada por el jamaiquino Marcus Garvey, tuvo una gran influencia entre los cocolos radicados en San Pedro de Macorís., aunque se conoció en esa provincia como Black Star Line, el nombre de una naviera, creada por Garvey, tuvieron una oficina en el barrio           Miramar, esa asociación se conoció como  Blatalán.

El gobierno de ocupación norteamericana prohibió el Blatalán el reverendo Van Putten, fue encarcelado, junto a catorce otros directivos del Blatalán.

En este capítulo del libro “Trabajadores Inmigrantes en la República Dominicana”, Orlando Inoa trata otros temas sobre los cocolos, entre estos las hermandades  y asociaciones mutualistas, la interacción social del cocolo, el folclor, donde hace referencia a la obra de Fradique Lizardo, destacando  el villancico “Good Morning”, y el brindis de “Guavaberry, que Juan Luis Guerra interpretó y grabó  la famosa canción “Guavaberry”. 

El historiador Orlando Inoa destaca la actividad  festival de los Guloyas, tanto en San Pedro de Macoris, como en otras partes del país, y los principales bailes de los cocolos y sus instrumentos musicales. 

El historiador también  destaca la comida de los cocolos y menciona al querido amigo reverendo Telésforo A. issac, quién comenta a los famosos “domplín”. También destaca una parte importante al pintor cocolo Nadal Walcot.

El gran poeta dominicano Tomás Hernández Franco dedicó uno de sus poemas a los cocolos; Canción de los negros.

Los cocolos han sido un ejemplo en el beisbol nacional e internacional, siendo San Pedro de Macorís la cuna de los mejores peloteros dominicanos. 

El libro “ Trabajadores Inmigrantes en República Dominicana” del historiador Orlando Inoa, es un obra importante para todas aquellas personas interesadas en los temas sociales del país, donde el autor abarca otros temas relacionados con los árabes, chinos y haitianos en la República Dominicana. Como historiador el autor no entre en los temas de actualidad, sino aportes para la historia nacional.

PUBLICIDAD

¿Qué es el Carnaval?

El Carnaval Dominicano es una de las tradiciones más coloridas y celebraciones más alegres de la República Dominicana. En el mismo participa todo el pueblo, que se lanza a las calles a disfrutar, compartir y celebrar con alegría.

Su mayor intensidad ocurre a finales del mes de febrero en su último fin de semana, aunque dependiendo de la región, se celebra todos los fines de semana del mes de febrero e incluso hasta inicios de marzo. Existen otras fechas particulares en las que algunas poblaciones celebran carnavales aislados, pero con la misma creatividad y entusiasmo mostrado en febrero por toda la nación.

Pero es febrero el mes de Carnaval en la República Dominicana y el júbilo y la celebración masiva en las calles y clubes sociales son el sello que distingue estas fechas. Nadie está en casa. Todos están en las calles.

Tradiciones y origen del carnaval

En la República Dominicana la celebración del tradicional carnaval que precede a la cuaresma se encuentra entremezclada con la conmemoración de la Independencia Nacional.

En los festejos populares de las calles participan todos los miembros de la sociedad, trasladándose algunas personas de una localidad a otra y viajando cientos de kilómetros para participar de las distintas costumbres del carnaval en cada región.

Historia del carnaval y de las máscaras de carnaval

Con disfraces y máscaras, diablos cojuelos y desfiles de comparsas en las calles, bailes de disfraces en los clubes sociales y alegría general, exaltamos cada año nuestra Independencia, mezclándola con el tradicional carnaval pre-cuaresma celebrado en otros países católicos.

El Carnaval es la fiesta popular de mayor tradición de República Dominicana. Se produce desde la colonia, en víspera de la cuaresma cristiana, cuando los habitantes de Santo Domingo se disfrazaban como un remedo de las carnestolendas europeas.

La celebración del Carnaval tiene su origen probable en fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el Dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del buey Apis en Egipto.

Según algunos historiadores, los orígenes de las fiestas de Carnaval se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5,000 años, con celebraciones similares en la época del Imperio Romano, desde donde se difundió la costumbre por Europa, siendo traído a América por los navegantes españoles y portugueses que nos colonizaron a partir del siglo XV.

El Carnaval "Cristiano"

La celebración del Carnaval es una de las fiestas más populares. Es una tradición con raíz cristiana muy extendida entre la sociedad, al igual hacer el Camino de Santiago Jacobeo. Se celebra en los países que tienen tradición cristiana, precediendo a la cuaresma. Por lo general, en muchos lugares se celebra durante tres días, y se los designa con el nombre de carnestolendas, y son los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza, que es el día en que comienza la cuaresma en el Calendario Cristiano.

Se supone que el término carnaval proviene del latín medieval "carnelevarium", que significaba "quitar la carne" y que se refería a la prohibición religiosa de consumo de carne durante los cuarenta días que dura la cuaresma.

Hay países en que se comienza la celebración del carnaval en distintas fechas, como en algunos lugares de Alemania en que se inicia el 11 del 11 a las 11 horas 11 minutos. O los hay que lo comienzan no bien termina la Epifanía, el 6 de enero. En otros lugares es tradicional comenzar el jueves anterior al Miércoles de Ceniza, y lo denominan Jueves Graso, como sucede en Italia.

En ciertos países en que el Carnaval está muy arraigado como celebración popular, y ya alejada de su significado religioso, alargan los festejos a los fines de semana del mes de febrero y a veces el primer fin de semana de marzo.

El Carnaval en la Edad Media y en los Tiempos de la Colonia

En la Edad media, tan inflexible en los ayunos, abstinencias y cuaresmas, y con persecuciones a quienes no respetaban las normas religiosas, sin embargo, renació el carnaval y se continuó la tradición hasta la actualidad en muchos lugares del mundo. En esta época, se celebraba con juegos, banquetes, bailes y diversiones en general, con mucha comida y mucha bebida, con el objeto de enfrentar la abstinencia con el cuerpo bien fortalecido y preparado.

En la España de la época de la Conquista y la Colonia ya era costumbre durante el reinado de los Reyes Católicos disfrazarse en determinados días con el fin de gastar bromas en los lugares públicos. Más tarde, en 1523, Carlos I dictó una ley prohibiendo las máscaras y enmascarados. Del mismo modo, Felipe II también llevó a cabo una prohibición sobre máscaras. Fue Felipe IV, quien restauró el esplendor de las máscaras.

El Carnaval en los Tiempos Modernos

Hoy en día, hay lugares célebres por sus festejos tradicionales y espectaculares, que atraen al turista y al amante de las costumbres de cada sitio, como lo son el Carnaval de Río, el de Santa Cruz de Tenerife, el de Oruro en Bolivia, el de Corrientes en Argentina y el de República Dominicana, con sus distintas expresiones, desde el Vegano hasta el de Santo Domingo.

Se celebra en los distintos lugares de formas similares, pues siempre se presencian desfiles de carrozas, comparsas formadas por grupos de máscaras o bailarines vestidos con un mismo estilo que caracteriza a cada una de ellas, máscaras representando a distintos personajes reales o alegóricos, así como bailes de disfraces y diversión con cotillón, típico de esta fecha. En los carnavales es fácil encontrar mujeres, e incluso hombres, con vestidos de novia.

En algunos lugares se estila que las máscaras persigan a los paseantes con vejigas que se utilizan para asustan, dar golpes no demasiado fuertes, o hacer reír; en otros lugares es típico el uso de serpentinas, papel picado, espuma molesta, y hasta mojar con agua, en pomos, globos y recipientes.

El antifaz moderno es un vestigio de las fiestas de Baco y Cibeles.

También es muy importante el maquillaje en el carnaval dominicano y en cualquier carnaval.

Historia de las Máscaras y Caretas

El origen de la careta se remonta en el tiempo y se pierde en la más remota antigüedad. Se supone que su invención se debió a fines religiosos.

Desde el paleolítico el ser humano ha utilizado máscaras cuyos materiales han sido diversos y han variado a través del tiempo, pues se han ido confeccionando con madera, paja, corteza, hojas de maíz, tela, piel, cráneos, cartón piedra, papel maché, látex, plásticos y otros materiales.

Se utilizan dos términos similares: careta y máscara. La careta es exclusivamente para cubrir el rostro, para disimular rasgos de la cara; mientras que la máscara puede cubrir todo el cuerpo, y fueron usadas y aún, en algunas culturas, se siguen utilizando con fines religiosos.

Algunos hallazgos arqueológicos demostraron que eran muy usadas en Egipto para perpetuar con ellas los rostros de los muertos. Se hacían tratando de imitar de la forma más fielmente posible, el rostro del difunto, y se colocaba junto con el ataúd, pintándose de la misma manera que éste. Se elaboraban con un cartón realizado con lienzo o papiro, revestido con estuco, que -con el paso del tiempo- se endurecía y presentaba total consistencia. Según la clase social a la que perteneciera el muerto, podría llegar a revestirse con una lámina de oro. No se le horadaban los ojos ni la boca, y se los representaban con incrustaciones o pinturas.

Los estudios arqueológicos llevados a cabo en tumbas fenicias, también han demostrado que esta civilización practicaba la costumbre de utilizar máscaras funerarias. Rastros de máscaras también fueron hallados en antiguas pinturas rupestres.

Comenzó a evolucionar el uso de la máscara, en Roma, cuando la llevaban actores en los cortejos fúnebres, para que se reconociera y recordara el rostro del difunto.

A partir de este empleo por parte de actores, la careta rápidamente fue utilizada para diferentes fines. Comenzaron a usarla los actores para representar fielmente en sus obras los rostros de los personajes históricos que estaban interpretando.

Rápidamente, se adoptó su uso en las fiestas saturnales en Roma, y se las comenzó a usar con carácter festivo, dando origen a la utilización en lo que hoy es nuestro carnaval.

Con dichas caretas se comenzaron a realizar escenas burlescas de los ritos sagrados. Fueron evolucionando y cambiando sus usos, hasta la actualidad, en que es frecuente solamente en las carnestolendas.

Las caretas actuales, producto de la fantasía, la imaginación y la creatividad, forman parte de los carnavales de todo el mundo, y de las fiestas de disfraces que estos traen aparejados. También se las usa en las fiestas de Halloween.

A la par de este empleo que se continuó hasta nuestros días, la máscara o la careta – además de ser común en las celebraciones cristianas medievales- tuvo otro uso, en la Edad Media, cuando las llevaban de metal, los Caballeros medievales para protegerse en sus luchas, y en algunos casos se les agregaban muecas faciales para demostrar el carácter de quien las portaba.

Según las diferentes culturas, estos símbolos han variado en sus formas, tamaños, decoración, características, realismo o abstracción, algunas usadas para cubrir todo el cuerpo, como por ejemplo, las enormes piezas de tipo ritual de Oceanía (las de los Papúes llegan a medir seis metros de alto) y otras diminutas, como las de las mujeres esquimales.

Muchos pueblos primitivos han usado las máscaras y caretas para realizar sus rituales, y éstas representaban deidades, seres mitológicos o espíritus malignos, o a Dios y al Demonio; en cada caso con significados ceremoniales distintos. Si la máscara usada era de animales, podía simbolizar el ruego para asegurar el éxito de la caza. Asimismo, también hay culturas que utilizaban máscaras para ahuyentar pestes y enfermedades.

En la actualidad existen muchos coleccionistas de arte que aprecian ciertas piezas, que constituyen manifestaciones artísticas primitivas de muchas culturas, y que exhiben o adquieren a gran valor monetario, y proceden generalmente de África, Oceanía y de culturas indígenas americanas.

El Dr. Ricardo E. Alegría, destacado antropólogo portorriqueño, en su ensayo sobre la máscara en las Antillas Mayores, señala que "En lo que respecta al área caribeña, específicamente en las Antillas Mayores, las máscaras más antiguas aparecieron en los restos arqueológicos de los indios saladoides. Estas máscaras eran confeccionadas en barro y representaban caras humanoides". (1992. P.1)

Hoy en día, se ha popularizado el uso de las caretas también como cotillón de celebraciones y cumpleaños, así como su utilización en juegos y juguetes para niños, agregando a los tradicionales personajes representados, los héroes de novelas, revistas, el cine y la televisión.

El Carnaval Dominicano

Selecciona aquí para ver la imagen ampliada…En la celebración del Carnaval Dominicano se aprecia, en particular en los atuendos y disfraces, una mezcla muy variada por regiones de elementos y tradiciones africanas traídas por los esclavos transportados al Nuevo Mundo y las costumbres y ropajes europeos de sus amos y colonizadores.

Se confunden en las festividades los diablos cojuelos, con sus trajes de capa cubiertos de espejos, cascabeles y cencerros, que ridiculizan a los señores medievales, con los platanuses y otros disfraces netamente africanos, así como un sinnúmero de manifestaciones de la creatividad popular.

El Carnaval es la fiesta popular de mayor tradición de República Dominicana. Se produce desde la colonia, en víspera de la cuaresma cristiana, cuando los habitantes de Santo Domingo se disfrazaban como un remedo de las carnestolendas europeas.

Selecciona aquí para ver la imagen ampliada…Si desde el siglo XVI «hubo máscaras en la ciudad de Santo Domingo», lo cierto es que la tradición colonial creció con las gestas republicanas del 27 febrero de 1844 y del 16 agosto de 1865, al punto de que casi desde entonces nuestros carnavales se celebran en estas fechas, no importa si se encuentran fuera de las carnestolendas y por lo común ya dentro de la propia cuaresma, por lo menos la primera.

Como se sabe, el carnaval ocurre antes de la cuaresma, que es tiempo de penitencia y de preparación para la pasión de Cristo.

Entre nosotros, por ejemplo, los lechones de Santiago aparecieron después de la Restauración, al amparo de los bailes de máscaras celebrados en la casona de Madame García.

27 de Febrero: Celebración del Carnaval y la Fiesta de Independencia Nacional

En 1844 los dominicanos expulsamos a los haitianos que nos ocuparon durante 22 años luego de que en 1821 llegaramos a un acuerdo amistoso de independencia con la Corona Española.

En busca de su propio destino y un futuro mejor, la colonia española en Santo Domingo se separó de España en forma no bélica mediante transacciones pacíficas.

Sin embargo, el ansia de libertad e independencia de los habitantes de la parte española de la isla de Santo Domingo se vió cercenado con la inesperada invasión de nuestro país por el ejército de la vecina nación haitiana.

 

Durante 22 años ocuparon los haitianos nuestro territorio e intentaron eliminar nuestro idioma y nuestras costumbres. Obligaron a publicar los documentos oficiales en francés y otras medidas que atentaban contra la esencia misma de las tradiciones y cultura de lo que vendría a ser más tarde el pueblo dominicano.

Con disfraces y máscaras, diablos cojuelos y desfiles de comparsas en las calles, bailes de disfraces en los clubes sociales y alegría general, exaltamos cada año nuestra Independencia, mezclándola con el tradicional carnaval pre-cuaresma celebrado en otros países católicos.

En los últimos años, y en particular a partir de 1997, las autoridades gubernamentales han buscado separar la celebración de las fiestas patrias de la celebración del principal Carnaval Dominicano, para no restar solemnidad a la celebración de la Independencia Nacional el día 27 de febrero. Como resultado, la segunda mitad de febrero presenta una intensa agenda de actividades separadas en conmemoración de la lucha patriótica de los héroes de la Independencia Nacional y alrededor del carnaval fiestas populares, conciertos multitudinarios, desfiles de comparsas, así como los tradicionales carnavales cada domingo del mes.

Disfraces

Los dominicanos celebramos el carnaval disfrazándonos de diablos y demonios con trajes de vistosos colores, adornados por espejos, cascabeles y otros accesorios.

Uno de los aspectos más llamativos del atuendo carnavalesco lo constituye la máscara, típicamente de gran tamaño y con enormes cuernos, representando demonios y/o animales.

De singular importancia en la celebración de los festejos en las calles es la vejiga de vaca, tradicionalmente curada con limón, cenizas y sal. Modernamente las vejigas son reforzadas con material plástico en su interior y cubiertas con tela para protegerlas. Secas e infladas, sirven para asestar ruidosos golpes en los espectadores y otros demonios. Si bien estos golpes pueden causar dolor, por la naturaleza misma del instrumento usado para golpear, inflingen daños mínimos duraderos en quien los recibe.

Existe también en algunas zonas, como Santo Domingo, la costumbre de algunos de disfrazarse de "indios", con el torso al desnudo y de pantalones un atuendo de hierba y matas, así como otros embadurnan su cuerpo con betún negro y deambular con el torso y las piernas tiznadas al desnudo.

Estos atuendos en particular y otras variantes tienen una clara raíz africana, siendo bastante similares a algunas de las vestimentas rituales y de celebración usadas por tribus africanas, miembros de las cuales presumiblemente fueron traídos a la isla como esclavos en tiempos de la colonia.

Inmigrantes procedentes de las Antillas Menores colonizadas por ingleses, quienes se asentaron en la zona Este del país, mezclaron sus costumbres y tradiciones con las de los dominicanos hasta convertirlas en una sola, situación que originó una cultura con características muy especiales.

Entre los rasgos más característicos de esta cultura, llamada “Cocola”, está su música y bailes, que ha permitido la formación de grupos folclóricos, siendo uno de los más destacados el “Teatro Danzante de San Pedro de Macorís”, mejor conocido como “Los Guloyas”, que es un grupo de actores danzantes y músicos que representan obras de teatro asociadas al folclore inglés medieval y a elementos culturales de origen africano.

Los historiadores apuntan que el nombre de “Guloyas” se origina en la pieza teatral “David and Goliath”, donde el nombre de “Goliath” es pronunciado Golaia o Guloya. En dicha pieza es característico el grito: “Goliath (Guloya) is dead” (Guloya está muerto).

Sus ancestros, procedentes de las pequeñas islas de expresión inglesa como Antigua, Martinica, Saint Kitss-Nevis, Tórtola, entre otras, llegaron a República Dominicana a trabajar como obreros en la industria azucarera a finales del siglo XIX y principios del XX, para luego, al establecerse en el  país, colocárseles el mote de “cocolos”.

Las actuaciones de “Los Guloyas” se llevan a cabo sobre todo entre el 25 de diciembre y el 6 de enero. Entre las representaciones teatrales de su tradición figuran “The Bull”, “David and Goliath”, “Moko-Jombies”, y demás.

Los bailes que trajeron estos inmigrantes son muy variados y excitantes y tienen como finalidad llevar a las personas mensajes de carácter social y religioso. Entre éstos cabe destacar el “baile de los Zancos”, el cual consiste en un danzante en altos zancos que no lleva nada en la mano, trajeado con una chaqueta brillante con muchos espejitos, unas mangas largas y el pantalón lleno de flecos. El grupo que le sigue va tocando y bailando.

Otro baile o “juego” es el “Baile del Buey”, con un personaje vestido completamente de rojo, con cuernos en la cabeza y con rabo de vaca, que representaba un buey que baila en las calles y corre detrás de las personas.

Además de los bailes y danzas, los “cocolos” celebran las parrandas navideñas, durante las cuáles van de hogar en hogar, en horas de la madrugada, entonando villancicos. El más famoso es aquel que cuyo estribillo reza así: “Good morning, Good morning, give me the Guababerry”, estribillo que se escucha en una de las canciones más conocidas del artista Juan Luis Guerra, y que ha recorrido el mundo.

Los “cocolos” han dado grandes aportes a la cultura dominicana en el aspecto religioso, educativo, teatral, gremial, culinario y deportivo.

Patrimonio de la humanidad

En medio de júbilo y alegría, los dominicanos celebraron el pasado viernes 25 la proclamación de “Los Guloyas” como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad” por parte la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Avelino Stanley, subsecretario de Cultura, expresó que para esta gestión de la Secretaría es un “grandísimo honor y un magnífico logro” el que esta agrupación cultural haya obtenido este reconocimiento, tras once meses de larga espera y luego de haberse elaborado y sometido el proyecto.

“Después de que candidaturas de otros países han esperado años para conseguir lo mismo, la nuestra fue sometida dentro de 127 propuestas y fue escogida, lo que quiere decir que además del trabajo que hemos hecho dentro de la Secretaría de Cultura, se reconocen por su valor histórico y cultural  para el país y para la humanidad.”

Agregó que agradece, en nombre de la entidad que representa, que se le haya hecho un reconocimiento tan importante a esta agrupación, la cual, según él, es el fruto de “la fusión de una cultura que vino, que se unió a la nuestra y que luego pasó a ser nuestra. Entonces es un reconocimiento a la República Dominicana”.

Por su parte, Carlos Hernández, director del Museo del Hombre Dominicano, indicó que tanto la Secretaría como la institución que dirige, planean hacer un evento no sólo para los Guloyas, sino también para los petromacorisanos y para los dominicanos, actividad que se realizará próximamente en San Pedro de Macorís.

“Se está gestionando un plan de acción para la preservación de este patrimonio cultural y se exhibirá un documental que narra la historia de “Los Guloyas”. Pretendemos hacer un DVD musical, recopilar la memoria social del grupo, impartir talleres para enseñar su música y recoger las piezas teatrales que ellos representaban, con el objetivo de dejar un importante legado a las futuras generaciones”.

Según el funcionario, los recursos económicos que se obtengan con la venta de estos artículos se utilizarán para beneficio del grupo. “Es nuestro compromiso ayudar a preservar los legados culturales de la agrupación”.

Además, los Guloyas han creado una escuela para enseñar a sus descendientes a bailar la música propia de su cultura. “Los Guloyitas”, como son llamados, serán los nuevos relevos que sustituirán a la generación actual. “Estos niños tienen el compromiso de no dejar caer este grupo cultural y preservar sus raíces y costumbres”, puntualizó Hernández.

DominicanFlag_Logo

Diccionario Dominicano

DominicanFlag_Logo

Diccionario Dominicano

Registrate